Ramón Valdés no fue simplemente un personaje más de El Chavo del 8, sino que fue considerado por algunos de sus compañeros y seguidores como el alma del programa. Amado por muchos, respetado por todos e inmortalizado como una leyenda de la televisión mexicana, esta es la historia del glorioso inicio y final de Ramón Valdés.
El 2 de septiembre de 1924, mientras nacía Daniel Arap Moi —quien años más tarde sería el segundo presidente de Kenia—, en una maternidad de la Ciudad de México nacía una leyenda. Hijo de Rafael Gómez-Valdés Angellini y Guadalupe Castillo, quienes nunca imaginaron el gran futuro que tendría su hijo. A la edad de dos años, los padres de Ramón decidieron tomar a sus nueve hijos y mudarse a Ciudad Juárez, Chihuahua, en busca de mejores oportunidades.
Cada uno de sus hermanos tenía un sobrenombre, y él no era la excepción: entre ellos era llamado Moncho.
Al crecer, Valdés se desempeñó en múltiples actividades y oficios ocasionales, en los que solía ser inestable, lo que lo llevaba a enfrentar constantes problemas económicos. Durante esa etapa, su hermano mayor, Germán Valdés, trabajaba como locutor en una radiodifusora local, lo que posteriormente lo llevó a participar en películas. Este hecho marcaría un cambio importante en la vida de Ramón.
La carrera de Valdés comenzó durante la Época de Oro del cine mexicano, comprendida entre los años 1936 y 1956, lo que le permitió formar parte del elenco de seis de las 100 mejores películas mexicanas de todos los tiempos, entre ellas:
- El rey del barrio (1949), numero 18 de todos los tiempos.
- El esqueleto de la señora Morales (1959), numero 19 de todos los tiempos.
- Calabacitas tiernas (1948), numero 33 de todos los tiempos.
- Los tres huastecos (1948), numero 51 de todos los tiempos.
- Escuela de vagabundos (1955), numero 91 de todos los tiempos.
- La ilusión viaja en tranvía (1953), numero 94 de todos los tiempos.
Entre 1953 y 1966, continuó realizando apariciones en películas, generalmente en papeles menores, colaborando principalmente con su hermano Germán Valdés en producciones como Las aventuras de Pito Pérez. No fue sino hasta 1966 cuando logró participar en tres películas, obteniendo en una de ellas un papel con mayor protagonismo.
En 1968 ocurrió un hecho decisivo que el propio Ramón no esperaba. Mientras formaba parte del reparto de la película El cuerpazo del delito, entabló amistad con Roberto Gómez Bolaños. Más adelante, ambos colaborarían en varios proyectos cinematográficos, lo que marcaría el inicio de la verdadera historia de éxito de Valdés en la televisión.
Ese mismo año, Gómez Bolaños —quien sentía una profunda admiración por Ramón— se encontraba formando el elenco para un nuevo programa de televisión, por lo que le extendió una invitación formal para integrarse al proyecto. De esta manera, Ramón comenzó a trabajar en Los supergenios de la mesa cuadrada, junto a Rubén Aguirre y María Antonieta de las Nieves.
En 1971, Valdés pasó a formar parte de la comedia El Chavo del 8, dirigida por Enrique Segoviano, donde encarnó magistralmente al personaje de Don Ramón, un habitante de la vecindad caracterizado por su holgazanería y exagerada despreocupación. Gómez Bolaños le ofreció el papel convencido de que era el actor ideal, pidiéndole simplemente: «sé tú mismo». Con ello, su popularidad se consolidó y alcanzó niveles que nunca había logrado en proyectos anteriores.
En 1972 inició El Chapulín Colorado, otra comedia creada por Gómez Bolaños, donde Valdés interpretó personajes como Súper Sam, Rasca Buches, Pirata Alma Negra, Tripa Seca y Peterete.
A pesar de la fama y el reconocimiento, en 1979 renunció a los programas de Chespirito. Algunos rumores señalaron desacuerdos salariales, mientras que otros indicaron que fue por solidaridad con su amigo Carlos Villagrán, o por diferencias personales dentro del elenco. En una entrevista, Esteban Valdés, hijo del actor, afirmó que la salida de su padre se debió a que Florinda Meza, pareja de Gómez Bolaños, buscaba tener control absoluto sobre el programa.
Dos años después, en 1981, Valdés regresó brevemente al programa Chespirito, donde trabajó nuevamente con Gómez Bolaños durante un año, retomando el personaje de Don Ramón y participando en diversos sketches.
Durante la década de 1980, el actor se alejó definitivamente de Chespirito y participó en distintos proyectos en Venezuela y México. En 1982 acompañó a Carlos Villagrán en la comedia Federrico, producida por RCTV, donde interpretó a Don Moncho, aunque solo participó en la primera temporada debido a la baja audiencia. Ese mismo año regresó a México y filmó El más valiente del mundo y Los gatilleros del diablo. En 1985, colaboró con Luis Miguel en la película Luis Miguel, aprendiz de pirata.
En 1987, volvió a la televisión mexicana junto a Villagrán en la serie ¡Ah qué Kiko!, retomando el personaje de Don Ramón, esta vez como administrador de una tienda de abarrotes. Según Villagrán, la última escena que grabó el actor —en la que su personaje se perdía entre la niebla de un cementerio— resultó premonitoria. Debido a su delicado estado de salud, Valdés abandonó el programa ese mismo año, marcando el final de su carrera artística.
Finalmente, el 9 de agosto de 1988, Ramón Valdés falleció en la Ciudad de México a los 63 años, a causa de múltiples complicaciones de salud, entre ellas un paro cardiorrespiratorio no traumático, cáncer medular y cáncer de próstata. Sus restos descansan en una cripta del Panteón Mausoleos del Ángel, en la misma ciudad.


